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555 kilómetros de aventura en Bici

Me resultó fácil expresar en casa un “ya vengo, voy a pedalear…”, porque no me atreví a decir el destino de aquella pedaleada, y de hecho tampoco lo sabía. Esperanzado en llegar hasta donde me den mis ganas, mis tres billetes de 20dlres y una que otra moneda. J.Luis con su maleta inseparable, Fernando con sus las alforjas nuevas y yo con mi parrilla de estreno, listo para mis primeros kilómetros grapado.

Fernando, Miguel y Jorge Luis

Día 1, partiendo desde Salinas siete y media de la mañana, aquí no había desayuno, ni almuerzo, ni merienda, sólo las ganas de abastecernos de energía con la poderosa gastronomía de la costa ecuatoriana. La brisa de San Pablo, el pan de Cadeate, el turismo de Montañita donde las grapas hacen lo suyo y cobran su primera víctima: la rodilla izquierda, el comercio de Puerto López y terminando en la tranquilidad de Puerto Cayo, donde nos esperaba nuestro primer descanso en casa de una familia de pescadores, tan acogedora, sencilla y humilde.

Día 2, bien de mañana nos despiden con un buen pescado, arroz, ensalada y el infaltable verde asado, eso es comida ¡carajo! Sin manera de contener la algarabía de ver tres locos que viajaban en sus bicicletas, algunos preguntaban “A donde se van?” -“Hoy, a Manta” respondíamos con seguridad, mientras nos indicaban los poblados que debimos cruzar: Piñas, Santa Rosa, El Aromo, donde fijo compramos las rosquitas. Casualidad que en Manta nos recibió un amigo con unas verdes bien heladitas a las 15:00 horas, cansado de pedalear más que de beber, nos ubican en una residencia "pelucona" para reposar. Nos golpea un contraste: asearte en una ducha con agua caliente, paredes de vidrio, pomos refinados y decorados con un sutil diseño, mientras que el día anterior tocó con jarrito y balde entre las cortinas, que utilizaban de apoyo las ramas de los árboles del patio, pisando sobre pedazos de baldosa reciclada y madera. Lindo mi Ecuador! Este fue el día más corto con apenas 80km.

Día 3, alguien preguntó: “Avanzamos o nos regresamos en flota a Guayaquil?” Nadie respondió, abrimos el mapa, señalamos Canoa y en el camino encontramos un "agachadito", “Tres banderas completas por favor!!” Con las energías cargadas, nos alejábamos por la ciclo vía del malecón de Manta camino a Jaramijó, no sin antes atender el único ponchado: Fernando. Se venía la polvadera de la vía hacia Crucita que estaba en construcción, en la “Y” de San Clemente las viles grapas hacen lo propio y arremeten contra su víctima: la misma rodilla. Con la parada obligada para curar la herida de mi caída y acompañados de las burlas respectivas por utilizar grapas, nos protegíamos del fuerte sol que había estado ausente los dos primeros días. De ahí nos esperaban unos duros 30km montaña adentro, cuesta arriba y con la recompensa de un oasis de descanso perfecto: tres hamacas bajo la sombra de las palmeras y unas cabañas. A media hora del descenso a Bahía de Caráquez y haciendo caso omiso a una valla que decía: “FRENE YA, bajada peligrosa!” las grapas vuelven a cobrar vida: de nuevo la puerca rodilla #EpicFail!, pero tranquilos que aquí nadie vio nada, "límpiate, hazte el loco" y vuelve a pedalear con el dolor del "hijuesumadre", avanzando hasta donde esperamos la gabarra que nos transporte a San Vicente. Nos agarra la noche y todavía tocaban los últimos 10km del día hasta Canoa, donde se consigue una habitación por cinco dólares.

Día 4, en el mapa buscamos una ciudad para nuestra próxima dormida con la ansiedad de cruzar la Línea Equinoccial, con un jugo y pan con mortadela empezamos de nuevo a comer kilómetros y kilómetros, recargando energías al medio día en el poblado de Jama, algo redundante, el sabroso chupe de pescado, arroz con corvina, ensalada y verde. Pasando por Coaque luego de pedalear unos 80km en el día se avistaba un letrero “Línea Ecuatorial a 2 km, Pedernales a 20 km”. Infaltables las fotos y el deseo de encontrar donde pernoctar, se nos ocurrió pedir posada en el Cuerpo de Bomberos de Pedernales, donde nos recibieron con alegría. Nosotros no sabíamos quienes eran ellos ni ellos quienes éramos nosotros, definitivamente la Bici nos une, compartiendo con los bomberos todo lo que habíamos pedaleando, disfrutado y conocido. De merienda un buen moro con chuleta y menestra, ah! y verde asado!

Día 5, de dos cosas estábamos seguros, que ya no regresaríamos a Guayaquil sin antes haber llegado al balneario de Atacames, y que nuestros padres al regreso seguramente nos iban a colgar con todo y bici, de todas formas nadie no quitará lo vivido. Esmerándonos al revisar el mapa con el fin de comprender, en vano, la locura que estábamos haciendo, experimentando y viviendo. “Bienvenido a Esmeraldas” y nuestras caras sonreían, acostumbrados al sinfín de sube y baja por el asfalto montañoso, nuestras mentes cómplices se comunicaban: "hay que darle". A las dos de la tarde un letrero nos alentaba: “Atacames 40km”, bien confiados expresábamos: Ya falta huevada!! Pero tras rodar 30km desde aquel letrero amagador, otro en la entrada a Muisne nos invadió de duda:

“Atacames 45km”, si supuestamente ya estábamos a 10km. ¡Mierda!

–Son las cuatro y media, qué hacemos?

–Sigamos! –Y si anochece?

–Sigamos…

Seis y media “Bienvenidos a Same”… Ahora si ya falta huevada!

-“Están a 10 minutos, en carro” nos indicaron los comerciantes, y como eso es casi una hora en bici… qué más daba, aprovechar el rojizo sol para andar los últimos kilómetros. Atacames nos esperaba para reventarnos de comida y en Tonsupa, gracias a Nicolay Guerrero, teníamos una cálida posada.

Día 6, a disfrutar de Atacames…

 A los que nos dijeron locos y nos preguntaron ¿Por qué? sólo les respondía: ¿Y por qué no?

 ¿Y qué son los locos?

Aquellos que aprovechan cada instante de su vida para hacer una locura.

Aquellos que mueven su mundo con dos pedales.

Aquellos que piensan que no sólo los “finde” son para relajarse o divertirse.

Aquellos que les basta la sincera compañía de sus amigos para empezar una experiencia llena de aventura y adrenalina.

Aquellos que toman su bici, dos mudas de ropa, un mapa, una cámara y emprenden un viaje sin importar día, ni presupuesto, ni distancia.

Aquellos locos, somos los que simplemente nos dedicamos hacer lo que más nos gusta: Vivir.

Quién no ha viajado en una bici, no sabe de la grata experiencia que se está perdiendo.

Miguel, Fernando y Jorge Luis.

Video: Salinas Atacames en Bici

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